martes, 4 de mayo de 2010

Sin pensar

Y cerrás los ojos, dejándote llevar por esos flashes que siempre te atrapan cuando te vas a dormir. Ves pasar un mundo y te preguntas: ¿dónde voy? Abrís los ojos, y no encontrás una respuesta. Latente queda aquel mundo, destellando en tu memoria somnolienta. Y ya no querés pensar.

Y cerrás los ojos, dejándote atrapar por algo más que un simple flash, pero te ves envuelto en una magia interminable y no querés soltarte. Oís que alguien te habla, te cuenta una historia nueva. Y vos le preguntas: ¿cuánto más debo deambular acá? Abrís los ojos y el mundo no está. Cambió. Se evaporó, se incendió, se destruyó. No sabes que pasó. No lo querés pensar.

Y cerrás los ojos, dejándote atrapar por otras manos, otras ideas y éstas te muestran un cielo nuevo, un abismo nuevo, un camino nuevo.
Levantas la mirada: un cielo azul se impone sobre vos y lo admiras porque sabes que no vas a volver a verlo. Tu cielo siempre es gris.
Mirás al frente: se extiende, infinito, un camino de paz y armonía que te gustaría caminar.
Bajas la mirada: bajo tus pies no hay nada, te espera un nuevo golpe, otra caída eterna e insoportable. Sabés lo que es.
Abrís los ojos y el mundo es el de antes. Extrañás el cielo azul y la calma impregnada en el aire.

Cerrás los ojos con fuerza. Los abrís. Los cerrás, los abrís, cerrás, abrís. Mentís, cerrás! Abrís!
Querés pensar. Tu mente se bloqueó. Querés pensar y no podes. Y no haces más que caer, sin pensar, sin creer. Caés

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