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lunes, 7 de mayo de 2012

the brick out of the head

   Mirándola, estaba yo. Y traté de tocar el timbre, dudé. Lo hice, sin embargo, y entré. Me envolvió la música, le sonreí y recordé todas las sonrisas. Particularmente cuando decíanme que yo era la más linda y yo les creía muy a medias. Como la mitad de lo que yo era y se perdió, al haberme caído en una nebulosa de caminos sinuosos y muchos otros errantes. Y a él lo conocí más que casualmente, inevitablemente pensando y creyendo que este mundo era bien distinto. El beso fue un atajo. Desmentí todas las creencias y creí que lo viejo, bajo tierra, tendría otro sabor. Es la nostalgia, que me trae de regreso tantas tardes, tantos momentos que se guardan entre todo el conocimiento. Y es que quisiera que el beso y la mirada se mezclaran, que conversaran y concordaran en que soy lo que soy porque siempre lo fui, salvo porque de vez en vez dolieron cosas y me transformé. Pero después de entrar, estaba todo diferente y el lugar no era donde creí que iba. El beso se transformó en una vida por mirar, y la mirada sólo es un beso que no voy a volver a dar. 
   Tantas cosas me quedaron por decir, y las otras tantas tengo miedo de decirlas. Quizás, voy a suponer, no deben ser dichas. O quizás estoy pensándolo al revés, que el beso quiere oír lo que la mirada no escuchó, y ahí está la imposibilidad del habla misma de mi persona. Que seguro es la imposibilidad de los errantes, quienes se equivocan a veces y le dicen a quien no tenían que decirle y ahí está la causalidad de su vagabundeo, cuestionando porqués e imaginando las variadas paralelas alternativas que no eligieron. Igual que yo. Igual que todos los que estamos acá, más bien allá adentro, o acá, o allá, depende de donde estemos o estés vos ahora, o yo.
   Así, entonces, es que ella lo conoció a él y no dudo en que lo mira como yo hubiera esperado que lo mire si el mundo hubiese sido como yo andaba creyendo que era.




lunes, 12 de marzo de 2012

intransferible

la desesperación por el desconocimiento de la realidad paralela que no podemos ver, porque no nos dejan traspasar las barreras invisibles...
porque no se pueden traspasar.
se pueden compartir, a modo de fracción,
a modo de una idea.
pero no se puede entrar o salir.
ni de uno ni hacia el otro.
ni importaría cuanto se presione, la paralelitud es lo que hace que sea tan encantador
tan bella y única la existencia de esa línea ramificada que asociamos con pensar
y tan escaso, paupérrimo y degradante, cualquier medio para dar pedazos, regalarlos de alguna forma.

todos queremos saber, y todos podemos intentar,
pero no.

viernes, 3 de febrero de 2012

Y una vez me caí

  Soy el botón que se cayó debajo de la heladera. Ese que se pierde y se busca, sin ser encontrado, hasta que se dan cuenta que puede ser reemplazado por un botón similar.
  Porque los botones son insignificantes. Porque simplemente son un pequeño detalle que hace a un enorme todo, en un todo infinitamente más grande.
  ¿Qué es un botón entre un montón de botones? Sólo un botón. Uno más, entre muchos, de muchos parecidos a muchos.
  Porque los botones nos caemos donde no se les ocurre que podemos caer. Y ahí nos quedamos, por mucho tiempo, quizás junto a otros botones que alguna vez también se cayeron y nadie los encontró, y ese nadie los reemplazó por otro botón, mejor o peor.
  ¿Qué es un botón debajo de una heladera? ¿Quién lo piensa?
  Hasta que un día vuelven a encontrarnos y algo pasa. El reemplazado botón ya no tiene lugar; se vuelve innecesario y se pierde entre muchas cosas más que ya no hacen falta (adiós, botón!). Se olvidan de nosotros que caimos debajo de la heladera un día, y se olvidan todo el tiempo que estuvimos ahí abajo olvidados.
  Pero algunos botones tenemos más suerte. Alguien recuerda el lugar que ocupábamos antes de caer debajo de la heladera y ese alguien nos devuelve a nuestro lugar, al que pertenecemos, sin dejar que seamos olvidados como muchos otros botones. ¡Bien por nosotros!

lunes, 9 de enero de 2012

Incluso si te sueltan

Ves como se queman las paredes y se vuelve transparente el techo.
¿Cómo se transfiere tanto anhelo? ¿Cómo se suma nuestra espera?

Todo cuanto dibujes con tus manos, más tarde lo vas a borrar con tus codos,
y más tarde lo vas a recordar, lo vas a llorar, y vas a ser siempre vos.

El que está agarrando tu mano anda sin freno alguno
y te deja atrás, sentís como resbala de tu mano la suya.

El que hizo de sus ojos una espada y te deshizo en el centro de la noche,
partió al medio tu coraza, desvistió tu corazón y ahí cedió.

Supongo que no todos tiramos de la soga para el mismo lado, nunca.
Supongo que alguien tira para donde cree que la soga se tira de más.

Pero, ¿quién vuelve por vos? ¿quién mira dentro de tus ojos?
(sabés las respuestas y quisieras que los demás las sepan también).

Hacés bien en atarte las manos, no cansarte de ser lo que sos.
Para no lastimarte más, porque el universo mismo lo dice así.
Todo lo que vuela alto, algún día cae y te devuelve el aire.
Guardate el anhelo y esperá(,) mientras todavía podés andar.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Resplandecé

Voy a guardarte debajo de mi piel,
y voy a escribirte mil canciones,
para cantarte con el sol después de la luna.
Voy a desvestirme y despeinarme.
En cada estación, voy a cambiar.
Maquillar las cicatrices, esconder las ataduras.

A las amarras, dale fuego.
Enterrar viejos hechizos, destruir talismanes.
Queda en este cuerpo lo que queda después de hacerse daño,
con los espejos, los fantasmas y los inventos.

Quiera caminar, correr, saltar,
ser el espíritu del que quiera despegar,
quiera vivir lo que no vive el que se duerme.
Siempre vuelve el resplandor a mi ventana,
queda tiempo, dice el reloj,
nos queda tiempo por gastar.

A las amarras, dale fuego.
No te apagues, no cierres los ojos,
no dejes que se desgarre lo que late.
No más payasos, ni siluetas en la oscuridad.

Siempre vuelve el resplandor, y queda tanto tiempo.
Tanto...

viernes, 29 de julio de 2011

Lo que sea que no te deje dormir













Hay zombies,
hay ovnis,
hay luciérnagas,
y busco luz.

En el piso,
en el cielo,
relampagueando,
busco luz.

Te hacen daño,
te van quemando,
hay zombies,
y hay ovnis.

Se levantan las llamas,
y se cae una estrella.
Busco luz, en la noche,
y se cae una estrella.

En el piso,
sobre el piso,
con el piso,
hay plumas.

Se abre un hueco,
en el piso,
se abre el cielo,
en un hueco.

Y se cae la estrella,
y se escapan las luciérnagas,
y se ilumina la ruta,
se iluminan las caras.

Busco luz,
en el piso,
en los zombies,
en los ovnis.


viernes, 22 de julio de 2011

Gatillo al cráneo

Se sentó y apoyó ambas manos sobre la mesa de vidrio. Desde ahí, veía sus pies descalzos y sus rodillas dobladas a noventa grados, sus muslos que descansaban en la silla.
Focalizó su mirada en sus manos y en el espacio entre ellas, completamente en contacto con el cristal. Escupió entre ellas. Por unos segundos, miró esa pequeña laguna de saliva, quizás analizando que hacer con ella, quizás midiendo si era suficiente, quizás pensando si realmente lo quería hacer.
Como sometido por un demonio, tal vez uno de los tantos que habitaban en él, sumergió su índice derecho en ese insignificante charco de saliva y, unos centímetros por delante de sus manos, trazó una curva. Volvió a humedecer su dedo, y trazó un par de líneas. Repitió esto las veces suficientes hasta que, sobre la mesa, sobre el cristal, en saliva, era completamente legible un interrogante.
¿vivir?
Permaneció sentado sobre sus glúteos, con sus muslos apoyados, con sus rodillas visibles a través del vidrio, con sus pies descalzos, hasta que la sustancia transparente que provenía de su boca se secó por completo, volviéndose imperceptible para los ojos rutinarios de quienes pusieran un pie en aquel cuarto, con aquella mesa, con aquél vidrio.
No levantó la vista, no tembló ni un segundo de más, sino que, como una sudestada, se levantó y se perdió por el pasillo detrás de la mesa, con el cristal, con su saliva. Se perdió en la oscuridad, mezcló su sombra con la sombra de la escasez de luz. Y se perdió.

sábado, 16 de julio de 2011

Voy a dejarte cuando llegue el verano

La pared verde combina perfectamente con la alfombra negra. La pared blanca hace juego majestuosamente con la alfombra verde, siempre y cuando tenga algunos toques en un tono manzana. Y las paredes rosas, wow, se ven tan bien con tu alfombra roja.
Hay más de lo que se ve, más que ver que no querés ver. Dejás ver menos de lo que hay, más de lo sentís.

Tu mundo de chocolate, no lo vendes tan bien como deberías y estás dejando que todo se erosione, que las paredes se agrieten y que tu fiesta se llene de agua. Tu columna vertebral es una seguidilla de signos de interrogación, alineados perfectamente en una pregunta que choca contra las paredes de tu cerebro constantemente, buscando salir, escapar, pero que nunca dejás tomar forma; sobre el rojo chocolate, tu espalda se contorsiona violentamente, tus ojos convulsionan hasta explotar y empieza a derretirse tu piel.
Todo lo que es tuyo pierde forma.

Un paso al costado de la ficción, sabés que a todos nos pasa lo mismo, mal que bien, y solemos remontar cualquier arranque caprichosamente cruel que el azar nos propone. Pero vos, parecido a un ovillito de lana sobre el suelo de la habitación de alguien más, creés firmemente que sos un ser especial, abzurdamente especial (igual que todos nosotros). No encontrás la respuesta a tu interrogante. No está en el techo, no está en la cama, no está en el cuerpo usado que dejaste sobre ella, ni en tus manos empapadas, ¿en qué?
Lo que el tiempo no pueda resolver, será lo que se coma tus huesos.

Se derrama tu cerebro sobre el piso y todo es humedad. Está latiendo tu sien, a la par de un grito que enmudece la canción que suena desde tu computadora. Living in an empty world, in an empty world... porque todo lo que tu mundo tenía de bueno, está triturado, molido, desparramado afuera, de la puerta hacia fuera. Y vos, adentro de tu ego, adentro de las cuatro paredes de tu mente, adentro de tu cuerpo vacío.
Donde todo es más sensible, todo duele el doble.

viernes, 1 de julio de 2011

Y sin embargo

aunque estés paralizado por las gotas de lluvia en tu frente, el viento cortándote los labios y haciendo llorar tus ojos
aunque tus músculos duelan al contraerse, tus dedos se estremezcan al doblarlos
que tomes lo que te haga falta y te muevas de acá
que sueltes lo que te sobre de ganas, te sobre de energía y lo transformes en movimiento, en un ritmo a seguir
que tengas constancia para ser inconstante,
no inmóvil


domingo, 24 de abril de 2011

La mitad de un todo oxidado

Fielmente un eco mudo llenando mis carcajadas,
eco de sueño, de tu mirada, de perfumes.
Canciones para decir que no,
para ignorarte y engañar al cielo.
Metáforas que dejás pudrirse,
en un cajón, bajo la cama, dentro de vos.

Ojos ciegos que miran fijo el piso al caminar,
reconociendo tus pies y el vaivén de tus manos,
danzando en las comisuras, en tus arrugas.
Ojos, mas no bocas, más un reflector
de espaldas al mar y las olas y un chau.

Vemos hoy lo que no vimos ayer,
que quizás a veces no vemos nada.
Esperamos impacientes que algo venga de donde no hay nada.
Decimos lo que ayer dejamos sin decir
y no terminamos nunca de entender
que el porque de los porque no es sensato y miente bien.

Se hace agua tu sonrisa,
se derrite otra vez el sol.
Todo tiembla, y todo cesa.
Es espeso lo violáceo de las nubes
y ves tormenta a la distancia.
En tu omóplato guardas dos marcas,
que la lluvia no va a borrar hoy.

Parcialmente infinito.
Como parcialmente la luna sobre la arena.
La mitad de las mitades
y la mitad de un todo oxidado.
Como volver de donde no se vuelve nunca
pero volver cuando se encuentra la ruta.
No valen las dudas, ni el augurio gris.

Somos matices y somos deslices.
Somos la mezcla efervescente
de un arcoiris parcialmente infinito,
fragmentos de lluvia y sol,
fragmentos de los fragmentos mismos
del amanecer después de la última noche,
de tormentas y tormentas de las últimas.

lunes, 4 de abril de 2011

It's oh so quiet

Habla del silencio. En silencio, le dijo.
Transformándose, del todo a la nada y viceversa, en la porción más pequeña de su verborragia, en el universo mismo de sus palabras. Y el universo que conlleva la idea misma de no articular esas palabras.
Con el paso lento del tiempo, como un goteo monótono, se quedó en silencio, mas no callado. Lo que dijo sin decir, lo que se puede decir sin mover las cuerdas vocales, sin poner en marcha los músculos de su lengua. Él dijo, le dijo.

Y un brillo, una sonrisa entre sus pupilas, y el silencio de su boca, y los gritos mudos de su cuerpo para decirle, en silencio, lo que le dijo.



viernes, 4 de marzo de 2011

Malvón

El patio olía a malvón. Siempre, cada verano.
Si algo nunca les faltó fue el mate, la chocolatada y las vainillas... y el olor a malvón.

El olor. Que hoy me volvió mientras caminaba en el barrio y me llevó, brevemente, de viaje, a esos veranos.
¿Desaparecieron? El patio ya no huele a malvón. Ni a chocolatada ni a vainillas.
Ni se sienten las risas, no se oyen los murmullos al caer el sol.

Ahora, alguien, de vez en cuando se sienta en esas mismas sillas, a contemplar la noche, a fumarse un cigarrillo, y ver la luna entre los pinos del fondo, detrás de la medianera. Sin olor a malvón.



domingo, 13 de febrero de 2011

Y dejar sólo el resto

Un mar, soy.
Profundo, oscuro, inquieto.
Y los miles de secretos que esconde,
son mis miles de secretos,
que oculto al margen de mis pupilas...
donde nace el oleaje y cerca de la orilla,
donde muere tu bruma, tu espuma, tu sal.
En ese rincón,
en ese cuarto oscuro entre mi piel y mi aliento,
es posible que haya dejado algo para vos.
Un resto de esta roca, mi nuevo corazón,
para que termine de erosionarse con tu desprecio,
quebrar este caparazón
y abandonar esta porción de mundo,
impávido ante tanta indiferencia.

Un mar, puedo ser.
Crecer cuando tu alma mengúa,
mermar mi magia al elevarse tu ego.
Y en el descenso, que quede un aroma a fresco
escurriéndose entre las luces,
mezclándose con una sigilosa caída de sol,
sobre el mar, sobre mí.
Detrás, detrás de la penumbra de nuestra razón,
estoy cantándote, y vos estás durmiendo,
lentamente y te ves bien,
lentamente y quiero enredarte en mis brazos,
hacerte parte de mí, inexorablemente.

Un mar, quiero ser.
Sumergirme con vos,
sumergirte en mí.
Somos dueños de este naufragio
y de todo este tiempo, nuestro momento.

Alcanzaré el paraíso,
después de algunas horas,
de algún que otro pernocte.
Te alcanzaré...
en tu momento de mayor esplendor,
rozando la excelencia,
y de esto no habrá resto,
salvo esa fracción de corazón.

Sabré olvidar, y perdonar,
y elevarme más allá de mí,
más allá del mar.

viernes, 24 de diciembre de 2010

De los no durmientes

Donde estoy dormida no es mi cama...
Tuvo alas mi locura, tuvo alas el delirio.
Cielos sucios, manchas en la piel.
No se que hay detrás de esta puerta,
que si las ventanas se abrieran,
que volara más que hielo en esta grieta.
No se, tanto que no se, ni que habrá,
pero si no fuese sólo una sombra,
sólo un fragmento de algo indeseable...
Un torbellino donde todo se mezcla,
que la luz no es luz más que en un bolsillo,
que las nubes son el mar en esta esfera,
que mis manos son mis pies que son mis ojos,
que son mi boca, que es mis latidos, que son,
entre tanta niebla, el camino hacia mí,
que son mi lengua inquieta disuelta
en un torbellino de sangre, piel y mi cama...
Que no es mi cama donde duermo,
sino el planeta que inventé anoche,
para tantos secretos sabiamente sumergidos;
para tu desesperación, demente calma;
al cansancio del asfalto y del humo,
a las paredes que te envuelven en flagelo,
habrá un abismo para descansar.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Flipante

Un vaso con Pepsi. Dos gotas de Pepsi.
Tinta en las manos, para no perder la costumbre.
Y tengo ganas de vomitar, para no perder la costumbre.
Mi cartuchera llena de lápices sigue sobre la mesa. La puse ahí el lunes. Ahí quedó, sin tocar.
La impresora no tiene tinta. Otra vez. Y no fui yo la que la gastó, no esta vez.
Pies sucios y ella que se enoja.
No dejo de mirar por la ventana. Nada se mueve afuera, salvo el árbol del vecino, salvo sus hojas y la luz que se refleja en ellas. Salvo eso, no se mueve ni me importa nada de la ventana hacia afuera.
Hay frases que retumban en mi cabeza. Se repiten a sí mismas haciendo eco y taladrándome sugestivamente.
"Si queda sola, se siente sola. Si acompañada está, busca la libertad".
Y de las tres aplicaciones que hay abiertas, hay una que reza un nombre inombrable a esta altura del partido. Y más frases.
El vaso sigue con las mismas dos gotas de Pepsi. La cartuchera sigue sobre la mesa.
Cuatro CDs apilados, y leo "Inéditos"-"Vivos".
Estoy inédita. Estoy viva. ¿El uno, el otro, ninguno o los dos?
De a ratos, pierdo la vista en el patio y el silencio. La pared blanca brilla. Si vuelvo la mirada acá, no veo. Se pierde la costumbre.
Y creo que ese, si bien es un tema redundante, bien es un tema inevitable porque no somos estáticos. Porque estamos vivos y a-tiempo.
Y creo que este, no es un tema apetecible para un miércoles como este miércoles que es hoy, casi adentro del té... porque, si bien tengo ganas de vomitar, tengo ganas de comerme el mundo de una vez.
Alguien llamó y no atendí.
Si quiero, mi espalda puede sonar varias veces. Pero no. Prefiero el petirrojo en el patio.
El vaso sigue vacío y tengo sed. Y tengo los pies sucios y fríos como para arrastrarlos hasta la heladera.
Otra frase que me tumba, y a ella le quedan 2214 días.
"Stand by me" y que nunca llegué a acostumbrarme.
El vaso sigue, la mesa, los lápices y la tinta, el brillo del Sol en tantos rincones y en tanta mente. Y el Sol de mi vida que me mantiene viva para seguir siempre única y para seguir con estas líneas y las líneas de mis manos.
Tengo sueño, para no perder la costumbre.
Pero no duermo, para no perder la costumbre.

Porque a tantas cosas me pude haber acostumbrado, que desacostumbrarme haría que esto no fuese un sentido inédito adentro de mi vaso vacío, debajo de mis pies sucios.


Si
querés
vos
podés
salir
a
vaguear
conmigo






Yo puedo colgarme a respirar, y puedo volar dentro del mar,
y puedo cantar después de ensordecer y que mis ojos enloquezcan,
y puedo dejar de comprender porque cambié la mano que me mima,
sólo comprender que me mima.
(que si que sos vos)


sábado, 4 de diciembre de 2010

Días como días que no se olvidan

...
Porque existe un amanecer perfecto y un atardecer aletargado que se afirma en pleno cielo, en pleno vuelo, rayando el suelo y el mar.
Estamos como somos, los que somos como estamos, viendo esa reja no nos vemos los codos, ni los pies. Somos narices, somos lo que vemos en el reflejo de este lago, completamente manso pero esperando que emerja una nueva ola de él, como en nuestro centro.
Estamos esperando, como esperan tantos hoy, esperando una espera más, cansados de esperar y esperando no cansarnos tan temprano porque sabemos que la espera vale para conseguir cualquier cosa tan esperada que por algo quizás es esperable. ¿Y si tanto estamos equivocados al esperar?
Pero no, hay días que no, que no existe duda en este imperio que nos vaya a derrocar. Días sin noche, eternamente iluminados, eternamente Sol, eternamente cielo abierto y mediasombra guardada en un viejo armario gris. Y eternamente el corazón sobre la mesa para vos y para nuestro maquiavélico dios. Porque somos eso que dejamos ahí en ese pedazo de madera astillado y resquebrajado, y somos eso resquebrajado que entregamos para que alguien menos efímero lo eleve desde el agua hasta una de las tantas torres que alguien construyó a nuestro alrededor para bloquearnos, encerrarnos en caso de despertarnos...
Pero ahora somos noche, y del día no nos olvidamos, de esos días que somos día y no olvidamos de donde venimos y porque somos lo que somos, pero somos noche ahora, inevitablemente oscurecemos y tenemos que entregar este hueco en el pecho para que lo llenen de basura...
Nos vemos el próximo Sol.
...

jueves, 25 de noviembre de 2010

Los árboles lloran de pie

En que mundo estarás viviendo que no me oís,
en que estrella te habrás escapado para no distinguirme más,
entre que paredes te habrás perdido que ya no te puedo encontrar...

O será que yo dejé mi piel acá...
Donde vos seguis rondando,
pero de mi no queda nada,
no queda alma, sangre o luz.

Al menos no en ese lugar...
Infierno, cielo; mar o tierra; ficción o realidad;
¿Cuál es la diferencia entre tocarte y traspasarte?
Si aún así, no estamos en el mismo lugar.

En que mentira estaremos hurgando de más,
a quien estaremos abriédole las heridas con cada bostezo,
sobre que suelo habré dejado mis hojas secas, mi retazos inservibles...

Y donde no estamos más,
ni donde buscamos más.
Pero donde si estuvimos,
donde los árboles lloraron de pie.
Donde lloramos de pie, salvo que seguimos en pie.





martes, 23 de noviembre de 2010

Con los pedales pegados a los pies, da

Turu tutu turu tutu turu... ♪
No gusta más. No gu...
¿Qué si? ¿Qué sigue si? ¿Qué fue?
Que tanto que no que no da...
Tu tutu tú tutu tú...
Tú no. ¿Quién si? ¿Quién sigue?
¿Quién fue que puso, no pu...?
To que va, (b)vien.
No gusta más. No duele más.
Confunde, no funde. No influye.
No más. ¿Qué si? ¿Quién si?
Yo si. Sigo. Sí. Voy bien,
como viento en popa,
como un blues, un ska y una cumbia.
Como todo, sigo. El tiempo.
Po... Podía. Mos, más, pude.
Ta táa ta rarará. Tara rarara rá!
Me gusta este lugar.
¿Qué si? ¿Qué sigue?
El cambio: de estación, de tren, de clima, de camino, de ambiente, de gente, de percepción, de nube, de ritmo, de canción, de fiebre, de daños, de puñales, de miradas, de sonrisas (porque ahora son de veritas, de veritas tara rá raáaa ♪).

Es el día, nene, nena, que dejes de buscar globos de colores entre la gente. ¿Sabés qué? Hay demasiados y el color que te gusta está por allá (--->). Andá, buscalo. No pierdas tiempo acá. Eso sigue.
Y es momento, nena, nene, de subirte a la bici que tanto cuidás, de pedalear con fuerza, muy fuerte, y dejarte llevar. Por allá (--->), vi pasar un buen sueño: ponele tu nombre y andá, alcanzalo.

Pa pá pa paá paráa pa!
Una vela, no da. Da, da luz.
Y con eso aflojá.
Y con cada cosa que queme.
Y da, sí da, que dejes...
¿Qué no? ¿Qué no da, da, diste?
No da, porque no importa.
Por vos, dá, por ella, no da.
¿Qué si? ¿Qué sigue si...?
Para qué preguntas.. pará ra ráa...
Para resolver una duda, da.. no da.
Que no da...s más.
Aflojá, dejá. El cambio, va.
Sí va. ¿Qué va? ¿Quién va?
¿Dónde va, quien sea que va, a lo que sea que va?
No importa, si da, andá.
Alcanzá. Pedaleá.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Allá, acá

Mirar el horizonte y estallar.
Allá afuera, allá lejos, allá arriba, algún lugar, me están esperando.
Y también a vos.
Y también al viento.
Y están estallando miles de pechos.
Y es tripa este infierno, y es tripa mi cerebro que no para de girar.
Y también vos.
Y también el viento.
Tocar el suelo, el pasto mojado, y revivir.
Acá abajo, acá adentro, acá al lado nuestro, están estallando pechos.
Y también en vos.
Y también en el viento.
Y también yo.

jueves, 28 de octubre de 2010

The tremor becomes the quake.

Hush... It's ok.

Y yo dije: -te amo. punto y aparte. ¿?
En mis manos estaban las palabras que hacían palpable el duelo interno entre el amor y el odio.
En mis manos, pequeñas comparadas con las suyas, arrugué la bronca y la calma instantáneas, simultáneas.
¿Y cómo hacer para percibir el peso de ambas dos? ¿Cuál mueve la balanza unos milímetros más abajo?

Las ganas de explotar, y la necesidad inminente de quebrar en llanto. Inapropiadamente espacio y tiempo y gente y la melodía familiar que no aliviana la carga de su ausencia.
Las ganas...

Se convierte en un hecho increíble el vuelco que da el corazón dentro del pecho...
Leer en un par de pupilas todas esas palabras que quedaban implícitas en aquel primer suceso, y todo porque el duelo no es duelo sino otro despertar, de algo que quizás nunca se extinguió.

Tic tac... mi reloj biológico a la espera de aquel terremoto. ¿Qué tal si no llega nunca? Las ganas, ¿dónde se desganan?

(¿se desgana alguna vez un temblor así?)