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sábado, 8 de diciembre de 2012

the who in the you

No creer en nada, ni siquiera en uno mismo...
Porque para creer es necesario ver, dicen algunos
Y está el que dice que hace falta creer para ser...
Por lo tanto, quien no cree en sí mismo, no se ve a sí mismo, no es él mismo.

Y quién es? Si no es él, a quién ve?

La distorsión de sí mismo, algunos pensarán, quizás. O sea, el que ve es la divergencia de algunos de los tantos yo que conviven en él, y que se mezclan equivocadamente para darle desde el espejo un él distinto del que es según decían sus... cómo era? qué nos define? Bueno, todo eso que lo hace ser quien es y no otro él, pero el ve a otro él, el divergido.
(he's a mess)

Pero también.. también pasa, en ocasiones, que él espera ver lo que los demás esperan ver, porque los demás suponen que él es ese, y no quien verdaderamente es según lo que lo define (eso que hablamos ayer). Entonces, quién se supone que es: el que se espera ver o el otro él? Debería ser el que se espera ser o el que decepcione a todos al fallar por no ser el que esperan que sea? 
(he's frustrated)

Y dicen que uno tiene que ser lo que es, y creer en uno mismo, porque así se logra el éxito.
Yo digo que es cierto, pero que es cierto que algunos no tienen tan claro quienes son porque no terminan de entender los límites de su ser, o no entienden porque a su ser le ponen límites. 

Entonces, qué nos define? Quién nos pone los límites?

(here, your answer)

jueves, 22 de noviembre de 2012

the you in the you

la música.
el conocimiento.
tus amigos.
tu hobbie.
las palabras.
las horas.
el tiempo libre.
donde vas.
los recuerdos.
el instrumento.
las decisiones.
los sueños.



qué es lo que define?

(the outcome)

o lo que no...

jueves, 26 de abril de 2012

De frente la pasión y no le diste la vida

Todo tiene un punto neutro para comenzar, y todo tiene un punto neutro para finalizar donde el tramo intermedio es completamente ajeno a lo que diferencia a ambos puntos. Esa es mi premisa.
Partamos del significado de la palabra neutro, el cual es que algo neutro "no participa de ninguna de las opciones en conflicto". ¿De qué nos sirve?

Todo comienzo implica arrancar de cero, no saber que es lo que va a venir, pero al mismo tiempo con una espectativa, porque, inevitablemente, los seres humanos tendemos a formar un prejuicio de lo que sea que nos toque enfrentar. Si bien siempre hay lugar para la sorpresa, previamente imaginamos lo que pueda pasar.
Para los finales, es un efecto semejante al que nos exponemos. Deambulamos entre familiaridades, acostumbramientos, y cuando es momento de concluir algo, lo que sea, es necesario que exista un quiebre donde nos alejamos de todo eso y nos adentramos en una etapa de transición colmada de tranquilidad, quizás, y con una puerta al fondo donde está el punto neutro anterior.

En ambos casos, el punto neutro es ese momento donde se mezclan la incertidumbre por lo desconocido, el porvenir, y la realidad que nos golpea y se lleva con ella todas las dudas. Ese punto, ese instante donde no elegimos ni la imagen espectativa ni el desentendimiento del ayer, sino que somos asimiladores insensibles que no pueden hacer una transferencia emocional hacia los hechos reales, ese es el punto donde la neutralidad alcanza un climax. Del todo a la nada, está el punto neutro.

viernes, 9 de marzo de 2012

la clave

Me miré mientras sostenía la llave en mi mano. Miré la puerta y su cerradura. Miré el hueco en el que la llave de mi mano encajaba perfectamente.
Pensé en el mundo detrás mío. Dentro de mis ojos, miré mis pensamientos enmarañados y los miles de recuerdos que se arremolinaban en torno a ellos. Pensé en el mundo y medí mis actos.
Pensé en el mundo detrás de la puerta. El que me esperaba. Pensé, quizás, espiar por la rendija de la cerradura y adelantarme a los hechos, evitar así la sorpresa (el miedo). Pensé en el mundo y medí mis actos.
La elección. Una decisión. Tengo, siempre, tal vez,  la oportunidad de conocer lo que hay detrás de la puerta sin abrirla, abarcar una mínima fracción del "qué pasa sí..?". Y tengo, también, la tranquilidad de que esa puerta no se abre así como así, sin que alguien gire la llave dentro de la cerradura hasta que haga clic.

Donde no tengo los pies, elijo no pisar. 

viernes, 5 de agosto de 2011

decidir seguir

No dejé de tener miedo. Sigo sintiendo pánico si nos miramos a los ojos.
Con la boca seca, después de tanto correr, supongo que no me quedó otra. Dudando, de que quizás me tiemblan por el miedo mismo, o por el esfuerzo mismo, o por ser yo misma.
El alma se me dobla.
Después de tres cuadras, las luces se esfuman y se retuercen sobre sí. En una estructura circular, se sumerge más que la luna y una estrella desde el cielo está mintiendo nuestra espera. Quienes saben de luz, saben de ella, saben de mí, y conocen sus historias.
En ese laberinto, de recuerdos olvidables, de momentos revivibles, hay marañas de elementos contrastables con elementos reales del exterior de mi mundo oblicuo, y memorables canciones que hablan de clonazepán.
Se tapa la hediondez de tu malversación de sonrisas con esencia de limón y vainilla. Carcajadas en un callejón y sal a las babosas del jardín, y dando media vuelta sigo enredada en mi tartamudez.
Que tarde o temprano, lo cósmico de este asunto se va a destapar y estar parados, cara a cara, me va a doblar las rodillas y mis tobillos se van a quebrar.
El alma se desdobla, sobre un par de ruedas, y echo a andar sin respirar, para no caerme, para que él no me alcance y me mire a los ojos y me recuerde que la mejor salida es sólo un circo de colores que gira por un buen rato y se detiene en una lágrima.

viernes, 8 de julio de 2011

Cuando todavía era bonita

Estaba lloviendo y hacía frío. No tenía más que una campera fina y ningún techo sobresalía de ningún edificio en los cien metros a la redonda de tu casa. El umbral, frente a la que debería ser tu puerta, dejaba un margen de quizás diez centímetros de refugio acuático. Vagamente, recuerdo que era de noche. Lo supongo, porque hacía frío y era verano. Verano, como siempre (como aquella vez, tu mente). Estuve parada, debajo de esos diez, el único espacio donde la caída del agua mermaba un poco, quizás media hora, quizás una hora, o dos. Hacer una recopilación descriptiva es algo complicado, pero estuve un tiempo, hasta que no aguanté más, mis piernas se cansaron, y me senté.

Mis rodillas estaban empapadas, mis pies eran dos hermosas lagunas en las que más de un pez se hubiese deleitado sambulléndose con gracia y entusiasmo, salvo que no había nadie alrededor, ni a cien metros a la redonda, ni a veinte cuadras a la redonda. Lo que suponía ser un almacén en la esquina, resulta que estaba más cerrado que tu puerta ese eterno día de lluvia eterna. Ni salías, ni llegabas, ni me iba. Lo único que estaba pasando en ese momento era la lluvia y yo.

Creo que repasé en mi cabeza más de un billón y medio de veces qué iba a decir, qué ibas a contestar y cómo íbamos a terminar (en una cama mirando la tele seguro que no). Creo que tanto lo repasé, o más bien, lo reinventé, que me costaba discernir entre lo que (no) estaba pasando y lo que realmente quería que pase. Y de creer, voy a pasar a algo que es asumir que somos todas iguales y que cuando se refiere a películas mentales "jamás imaginadas", deberíamos tener varios Oscar en nuestra repisa. Al menos, yo se que me merezco algunos.

Lo que pasó esa noche no fue más que eso, una película, como toda la historia de mi vida, bah. Es que simplemente es más emocionante lo que pasa en mi cabeza que lo que está pasando sobre el planeta Tierrra. Díganme que miento y enseguida me retiro del rubro...

En cuanto al final de esa noche (que no fue mirar la tele, en su cama, calentitos, ni tomar una cerveza juntos en el bar, ni hablar sobre las cosas más locas de su vida, mi vida y mi trastornado cerebro), fue fatal. El tipo jamás salió de la casa, el tipo jamás llegó a la casa, la tipa llamó por teléfono a su casa después de cuatro horas y media sentada en la puerta de enfrente para enterarse finalmente que el tipo se había ido todo el fin de semana a la costa con la minita con la que salía hace seis meses. La tipa, después de la llamada, se quedó sentada, pongamosle, media hora más, intentando a duras penas salir de aquella lluvia fría que le estaba callendo en las rodillas y en lo que hasta hace unos minutos debería ser su corazón (o algo así).

Por suerte, para la tipa, ella estuvo toda la noche sentada en su casa, adelante de una computadora, mirando como él le decía idioteces a través del monitor con algún que otro "jajaja" (lo que significa que no era simple compromiso) mientras que, en su facebook, su estado todavía indicaba "soltero". Por suerte, la lluvia de afuera (quizás lo único real de toda esta historia) no le dejó ninguna neumonía de regalo.

domingo, 29 de mayo de 2011

Arco iris en tu puerta

Básicamente, el sol se cayó. De alguna forma, me lo perdí (como tantas cosas pierdo).

Otra vez que me quedé dormida, que las sombras me alcanzaron. Supongo que, a pesar de la noche, encontré luz en algún lado, simbólicamente, dentro de mi mente, en el inconciente. Podría decirse que estaba soñando, y que eso se sentía bien. Pero, ¿de qué clase de sueño se trataba? Del que nunca alcanzo, del que creo que alcanzaré algún día, del imposible, lógicamente. O, se trataba, casi como una ilusión, de los reales, los que voy cumpliendo en cuotas.

Sonriendo, desperté y busqué sus sobras, lo poco que me quedaba del sol. En el límite del mundo, donde el día se roza con la noche en una forma íntima e imperceptible, el lugar donde es prácticamente imposible determinar donde acaba ese eterno affair ni donde vuelve a empezar, miré a través de los kilómetros y sí, encontré lo que había dejado para mí. El eterno degradé de sus matices, evidencia perceptible de la tarde extinguiéndose. Y mis ojos despertándose ahí, para verlo, para no soñarlo, sino vivirlo.

Entonces el sol se cayó, mientras se levantaba del otro lado, y mientras yo me levantaba para sentirlo a través de mi retina. Finalmente siento que a ese lugar estoy llegando, y pasar, y transformar el sueño en una realidad adyacente a vos, acá donde todo se mezcla y se vuelve una ola de color.

jueves, 3 de marzo de 2011

Magnetismo

Ella era el tipo de personas que todos volteamos a mirar ni bien entra en el salón. Ella, y su pelo flotando detrás, eran la clase de maravillas por las que uno podría dejar caer la mandíbula en dos segundos. Ella era, entre otras cosas, ella. Simple y exquisita. El tipo de persona que yo volteé a mirar cuando me chocó mintras caminaba por la avenida que corta mi calle. No se que fue lo que más me gustó de ella, o quizás es que no puedo describirlo.

Ella era, en pocas palabras, la del pelo largo y siempre suelto (igual que ese día) y la que exhibe su sonrisa por doquier especialmente con sus ojos oscuros, la que me dijo "perdón" con la voz más rica del planeta, con ese tono adormecedor al que inevitablemente contestás "sí". Era ella, y nadie más que ella, la que yo me quedé mirando por algunos minutos mientras se alejaba de mí y de aquel punto de encuentro.

Se que fue algo más, y mucho más fuerte, que su pelo, sus ojos, su voz y la magia interminable que desprendía su cuerpo moviendose grácilmente sobre las baldosas de aquella vereda. Fue algo más que chocar y verla pasar, y lucir sus jeans ajustados, sus zapatos negros y sus remeras tan variadas, tan in, tan... sí, miré su ropa, miré como se mecía su pelo al mismo ritmo que avanzaban sus pies. Todo en esa vereda. Y todos los días después de chocar ese día. Porque la vi y no pude dejar de mirarla, y de chocarla.

Ella era espectacularmente única y capaz de volverme loca, capaz de dejarme pensando por horas en cada mínimo detalle, capaz de pedir disculpas una y otra vez y otra vez todos los días desde aquel día que chocamos por primera vez. Hasta hoy, ella era lo que más me atraía por estos lados del mundo, lo que más me motivaba a no esconderme más, pero (palabra inevitable cuando la vida muta todo el tiempo, no dejamos de mutar dicen) entendí su existir y el mío aparejado al de ella. No fue difícil, a pesar del tiempo que me tomó, comprender, a pesar de lo magnífico de sus pupilas, qué era lo que captaba mi atención con tanta obstinación, de mis sentidos, de mi concentración.

Seguridad. Con seguridad, era su seguridad. Ella era seguridad. El aire que ondeaba dulcemente, rodeando sus facciones, era candente seguridad. Ella emanaba ese "sí" a gritos, era ella un sí con un signo de exclamación a su lado. Seguridad, susurraban las finas líneas de sus ojos y la comisura de su boca, seguridad.

Infalible confianza destilaban sus pies en contacto con la vereda y yo que miraba, hipnotizada. Y era esa milésima de segundo en la que destellaba su esencia cuando yo me pegaba a su evidente perfección (la que ella me hacía creer).

Aspiración, el querer ser, sus zapatos, sus jeans, sus remeras de colores y lo grato en el tono de su voz pidiendo disculpas al chocar con los desconocidos (por siempre) que caminan el mundo después de que lo pise ella.

martes, 11 de enero de 2011

Que suerte ni que ocho cuartos!

No me di cuenta y apagué mi cerebro. O lo sintonicé como corresponde. Creo que por primera vez soy conciente y no se evapora cuando toco. No se evapora, sigue acá adelante mío y me llena.
Pensando así me acordé de algo que leí sobre el tema, como que se va cuando te das cuenta que está, como esas cosas que dicen que uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde, y toda esa sarta de pelotudeces que nos creemos porque solemos tener un maremandum de mala suerte ahogándonos constantemente. Sí, me acordé lo que decía ese libro, que aparentemente disfrutamos más cuando no nos enteramos de nada, por eso cuando lo perdemos nos queremos pegar un tiro en las partes bajas. No sabías que estaba ahí y te hacía tanto bien, y ahora que no está, te das cuenta lo que es estar mal de verdad.

Disculpame, linda, pero hoy no te doy la razón. Calculo que pasó algo así: superé, abrí, probé, sentí, no corrí, sonreí, disfruto. Vivo y se que vivo. LO SE!

Me cuesta creer que no me quema nada, no me duele nada. Quizás mi cerebro juega conmigo y se quedó durmiendo por varios días, y esto quizás sea otro juego de mi subconciente para demostrarme que algunas cosas no son posibles para personas tan meadas por uno o dos elefantes como yo. O quizás, es hora de ganar aunque tenga puros cuatros. O quizás los planetas finalmente se alinearon y tengo un saturno que se está portando bien (jamás creí en eso, tampoco ahora).

Quizás, quizás, quizás, la posta es que no hice las cosas tan mal como creí, ni todo es tan terrible como parecía. Eso de que la suerte se la hace uno me parece algo bastante cierto. O lo que sea que sea eso de la suerte, que se yo, ya dije que no le creo más a ese palabrerío. En algún momento creí que todo lo que pasa, por más malo que sea, es bueno. No se por que dejé de creer en eso, me sirvió mucho tiempo, y tuve razón entonces y ahora. No es ni suerte ni destino ni novas volviéndose super novas en algún lugar remoto del universo...
De alguna manera sobreviví y me siento flotar y fue por mí y a asudbausda(?)(yo entiendo)...

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mañana no seré igual

Seré menos y seré más.
Habré dejado un abrazo, y habré ganado otro. Habré perdido plata, gastado billetes en tanta música, tanta cerveza... y habré sonreído y sentido (¿qué más puedo pedir?).
Seré menos... menos de lo que era cuando me levanté, que quizás no tenga sueño, que quizás ya tenga hambre, que quizás ayer haya dejado una idea en un papel, otro más que guardo en un cajón.
Seré más... más de lo que era cuando me acosté, que quizás hayan pasado más horas, un día más de respirar, que quizás la idea que dejé en un papel es un tesoro más, otro más que guardo en un cajón.
Habré, como tantas cosas han de ser y no ser, dado cuanto recibo, ganado cuanto pierdo, gozado tanto como merezco, cambiado tanto como yo le cambié al mundo mismo. 




martes, 23 de noviembre de 2010

Con los pedales pegados a los pies, da

Turu tutu turu tutu turu... ♪
No gusta más. No gu...
¿Qué si? ¿Qué sigue si? ¿Qué fue?
Que tanto que no que no da...
Tu tutu tú tutu tú...
Tú no. ¿Quién si? ¿Quién sigue?
¿Quién fue que puso, no pu...?
To que va, (b)vien.
No gusta más. No duele más.
Confunde, no funde. No influye.
No más. ¿Qué si? ¿Quién si?
Yo si. Sigo. Sí. Voy bien,
como viento en popa,
como un blues, un ska y una cumbia.
Como todo, sigo. El tiempo.
Po... Podía. Mos, más, pude.
Ta táa ta rarará. Tara rarara rá!
Me gusta este lugar.
¿Qué si? ¿Qué sigue?
El cambio: de estación, de tren, de clima, de camino, de ambiente, de gente, de percepción, de nube, de ritmo, de canción, de fiebre, de daños, de puñales, de miradas, de sonrisas (porque ahora son de veritas, de veritas tara rá raáaa ♪).

Es el día, nene, nena, que dejes de buscar globos de colores entre la gente. ¿Sabés qué? Hay demasiados y el color que te gusta está por allá (--->). Andá, buscalo. No pierdas tiempo acá. Eso sigue.
Y es momento, nena, nene, de subirte a la bici que tanto cuidás, de pedalear con fuerza, muy fuerte, y dejarte llevar. Por allá (--->), vi pasar un buen sueño: ponele tu nombre y andá, alcanzalo.

Pa pá pa paá paráa pa!
Una vela, no da. Da, da luz.
Y con eso aflojá.
Y con cada cosa que queme.
Y da, sí da, que dejes...
¿Qué no? ¿Qué no da, da, diste?
No da, porque no importa.
Por vos, dá, por ella, no da.
¿Qué si? ¿Qué sigue si...?
Para qué preguntas.. pará ra ráa...
Para resolver una duda, da.. no da.
Que no da...s más.
Aflojá, dejá. El cambio, va.
Sí va. ¿Qué va? ¿Quién va?
¿Dónde va, quien sea que va, a lo que sea que va?
No importa, si da, andá.
Alcanzá. Pedaleá.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Más humo y más te cansás

Y cómo quisieras que esa charla dure lo que tardes en fumarte un cigarro... y que, después, el tiempo que estés fuera de casa sea equivalente a lo que tardes en tomarte diez birras y algo más, y que lo sientas así, efervesentemente efímero y gradualmente absorbente hasta dormir tus ojos en aquella almohada, la que no es tuya...

Que luego amanezcas entre un par de piernas, finas líneas de placer, y te convenzas de que estás haciendo las cosas mejor y bien, mejor y bien... y te prendas otro cigarro, el último de tu atado, mires el cenicero lleno, mires por la ventana como el Sol despoja a la Luna de su oscuridad, mires tu ropa en su suelo, y mires el cuerpo desnudo a tu izquierda, y mires las sábanas que lo cubren, y mires que todo pinta mejor y bien.
Rebalsa tu cenicero y tu boca es pura ceniza también. Y estallan tus ojos rojos, otra noche a puro frenesí.

Se moja tu cara en el lavabo del baño y se mojan tus pestañas en una lágrima somnolienta. ¿No pensás volver a casa a dormir? No hay tiempo, un tic tac te muerde los pies.

sábado, 30 de octubre de 2010

Prioridad a los sin paraguas

Llueve impetuosamente en Buenos Aires y es casi como apretar un botón que dice "Caos", especialmente porque la gente actúa desesperadamente cual fin del mundo. La lluvia es lluvia; es agua, no ácido, vayan enterándose.

Mientras suena Oasis de fondo (shake up your tired eyes, the world is waiting for you), pienso que siempre que llueve es lo mismo, el mismo desfile de paraguas, las goteras, los charcos y los que los esquivan, los autos, la gente feliz y sin una gota de humedad dentro de ellos, la bocina que suena porque alguien sí es conciente y avanza más despacio, los que van debajo de los techos porque no tienen paraguas... y estamos los que, sin paraguas, igual caminamos por el medio de la calle. ¿Por qué? Piensan que quizás no nos importa mojarnos, que quizás nos gusta porque la lluvia nos hace sentir un poco más livianos, o hasta sentimos que esos minutos de agua sobre nuestra piel es concebirse ligeramente más vivo.

Bueno, tienen razón. Así me pasa a mí en cada tormenta… pero eso no me vuelve inmune a las enfermedades que pueda contraerme porque usted señora quiso pasar debajo de un techo incluso siendo dueña de un hermoso paraguas rosa chillón. Opté por un nuevo camino para evitar perder un ojo, o los dos, o un pedazo de nariz. Vaya uno a saber cuánto puede lastimar un paraguas! (¿más que la lluvia?)

No le tengo miedo a la lluvia, de ningún tipo. El agua es agua y me limpia las heridas, y no todo lo que me moja tiene ese poder. Y a veces llueven más que palabras y gestos, y llueven verdades y jamás uso paraguas. Y llueven cuchillos, aunque ya estoy curtida; percibo el dolor como una forma de sentirse vivo también. No tengo nada por perder, que llegue lo que tenga que llegar, que me moje la furia que tenga que mojarme y que venga la calma después de esa tormenta. A mí me va a ir bien igual y no hay resfriado que me pueda frenar, ni herida tan grande que no se vaya a curar…

Señora, deje a un lado su paraguas y mójese! Tal vez algo de lluvia le vendría bien a usted y a muchos más! O bien, déjeme pasar con total libertad, yo vengo sin paraguas!








miércoles, 22 de septiembre de 2010

Un par de opuestos que hoy no se complementan...

Fue en tu cuerpo donde creció y murió un sentido, el de ser libre y explorar... y fue en tu mente donde le diste la forma adecuada, le diste alas a tus pensamientos. Hasta que un día lo dejaste escapar y creaste el mundo idílico que tantas noches reemplazó al sueño. Y acá estabas, lejos de la tierra, lejos de palparte el corazón. Y allá estabas, siendo vos, viviéndote.

Cuando aparezca Luna, por fin vas a disfrutar toda esa gloria, vas a masticar la victoria de haber llegado a ese lugar mágico donde tus historias cobran vida y te llevan a andar. Toda esa libertad que dibujaste en tus cuadernos va a adquirir personalidad propia, te va a abrazar y te va a elevar bien alto.
¿Estás donde querías estar?
...
 



(¿Dónde dejaste el corazón?)

lunes, 13 de septiembre de 2010

Des - equilibrada - mente: el mundo

El infortunio de unos será la fortuna de otros...

Inevitablemente el mundo mismo, la naturaleza, el ritmo de la vida, sostienen un equilibrio inquebrantable e incuestionable.

Podremos no ver, pero nuestra cerguera será luz en otros ojos, y así permanecerá estable lo inestable...
Podremos perderlo todo, pero alguien más habrá de encontrarlo y será su nuevo dueño.
Podremos reír y podremos llorar, y podremos caer, levantarnos, vivir y morir... y alguien más será dueño del suspiro que dejemos escapar, y alguien más tendrá en su pecho ese aliento, esa nueva vibra...
Podremos bajar los brazos, pero alguien más los levantará por vos, te dirá que sos fuerte y seguirá por vos...

Y lo que hoy puedas soñar, será quizás mañana la realidad de otro ser humano, capaz de mover su alma, volver a soñar y forjar un nuevo mañana... un mañana que prometa un equilibrio equilibradamente equitativo...










(sigoporvos)

domingo, 29 de agosto de 2010

Veces que el alma se aliviana y te alcanza en un abrazo

Tan difícil que parecen ser algunas cosas, que a veces simplemente es necesario que algo o alguien te de un leve empujón, ese giro de llave para arrancar y poner primera. Está bien que tengas miedo, mejor si lo reconocés, lo identificás... Diez mil veces mejor si te cargas de coraje y salis a derribar esas pequeñas murallas que no te dejan avanzar.

En ese momento, temblando un poco tal vez, sentís que lo mejor que te podría pasar es que se abra una grieta en el suelo y algo tenebroso te arrastre a su interior. Pero no va a pasar nunca, estás ahí y, si llegaste, por algo fue (aunque no parezca el día y el lugar apropiados para llegar). Entonces, ya está, tenés que actuar, decir, hacer... lo que sea. Ese es tu momento, el que esperaste, el que buscaste, tu batalla.

Y largás todo. En principio, las palabras tambalean, pero luego se hacen fluídas... estás casi verborrágico.  ¿Ves que no era tan difícil? Como un globo, te vas desinflando, expulsás ese aire excedente en vos, para luego quedar espectante, ansioso por una respuesta que puede llegar o no. Aunque eso no importa, verdad? Como buen soldado, saliste a ese campo desierto y dejaste todo, no importaba vivir o morir, importaba dejarlo todo... y así fue.

Ahora estás del otro lado, donde apoyas tu alma en el descanso de esta escalera eterna.
¿Y ahora qué vas a hacer? Ya está. Todo dicho, todo hecho. Perdido por perdido te dejó perdido a vos. La respuesta fue una incógnita, pero estabas preparado, no esperabas nada bueno, nada malo, nada nuevo, nada que te empuje tres peldaños más abajo. Ya no tenés nervios, ni ansiedad, ni felicidad, ni nada.

Te queda sólo una verdad: tu alma va liviana, capaz de lograr cualquier cosa, capaz de alcanzarte donde sea que estés, de tocarte, de moverte, de abrazarte.
Pero creo que eso no alcanza, ¿o sí? ¿Por cuánto tiempo podés andar así? ¿Cuánto tiempo va a pasar hasta que se llene de humo y vuelva a bajar? ¿Cuántas emociones van a pasar hasta que vuelva a contaminarse?

¿Cuántos abrazos va a dar antes de volver a tierra, lejos de todo lo eterno?

jueves, 19 de agosto de 2010

Y con ella los pies, la ciudad y el entusiasmo...

Lo viejo le aburre porque es viejo; lo nuevo, le aburre porque sí. De lo viejo se cansó, y lo nuevo no es ni la mitad de emocionante y, además, lo nuevo es nuevo sólo por un rato. Por eso le aburre.
Escucha bandas pasadas de moda, y bandas que no tienen ni un gramo de fama, pero las escucha igual... Algunas casi desde toda la vida (casi!); otras, desde hace un segundo o menos. Y le aburren, la música misma lo agotó, prácticamente le duelen los oídos de tanto retumbe.
Y su ropa, que jamás fue fashion, lo embola. Pero mal!! Le gusta, eso no cambia, pero lo embola. Quisiera que sus jeans se agujerearan un poco y recuperaran algo de vida; que sus remeras se gastaran y pareciera que sufrieron más de mil recitales... Y sus topper.. que se rompan de una vez (por algo no desechó las viejas).
Ni hablar de su cuarto. Ese pequeño templo pintado de verde manzana con pedazos de pintura que se caen. Ojalá se cayera del todo, y con ella los mil posters que tiene pegados. Ya no pasa tiempo en ese luegar, porque se aburrió. Porque lo mejor que tenía era la música, y de la música se cansó... Porque ahí guarda su ropa, y de su ropa se cansó.
Qué decir de la gente entonces! Siempre las mismas caras, siempre la misma histeria y drama. Se repiten una y otra vez las quejas, los chistes, las respuestas, el saludo, el café y la cafetería... y se aburre. ¿Tanto les cuesta variarse a sí mismos? El peinado, la ropa, la mirada... cambiarse la sonrisa, ponerse un día algo de brillo en la comisura izquierda.

Entonces sale a patear la ciudad tratando de que su percepción del aquí y ahora paralela a la del pasado se reconfigure para dejarle un nuevo panorama de la realidad pre y post. Y claro, siempre encuentra lo mismo: los pibes que fuman faso en la esquina, los borrachos del bar, el bondi que pasó en rojo, los pendejos corriendo del colegio al kiosco. Las nenas revoleando las polleras y los nenes bien langas relojeandolas. Y él, que ni quiere revolear, ni quiere relojear... Porque se aburrió de la historia misma que escribe con cada baldosa floja que le salpica los pies (y lo ensucia).

Extraña la primavera. Extraña el brillante Sol. La extraña a ella (con ella todo le interesaba, lo motivaba, lo movía, lo entusiasmaba, lo entretenía).
Y después va, se tira en la cama, y piensa que el día lo abrumó. Demasiadas cosas e imágenes y situaciones que no lo dejan dormir. Hasta que cierra los ojos y su mente viaja... Ya no se aburre... pero la extraña igual.




sábado, 14 de agosto de 2010

Las dos caras de una vida? perra

Tengo un corazón que late a mil y baila de felicidad. Tengo un corazón que se estremece, que se envenena a sí mismo cuando mira más allá…
Tengo un par de pies: uno derecho imbatible, siempre firme; uno izquierdo que es frágil frágil, que arremete con constancia contra su hermano porque se sabe inferior.
Tengo dos manos, dos: a una la arruiné con el tiempo, con la furia, con los golpes que nos dimos la vida y yo; la otra, tiene la magia que se necesita para hacer brillar colores en un papel.
Tengo una mirada que de a ratos se nubla, y de a ratos se ciega por tanto sol.

Tengo un techo protector, que me resguarda en esta lluvia constante, que unos días es granizo y otros días aguanieve. Un techo que se prende fuego tres veces por semana… y no quiero estar debajo de él, no cuando se caiga.

Tengo un mundo en mis manos, un mundo transparente, cristalino que se que será fructífero de acá a unos años… pero que por dentro se pudre, se descompone y se llena de larvas, hongos, gusanos que se comen la vida (vida, vida, vida?).

Tengo un viaje para hacer, una línea recta, curva, zigzagueante que me propone en cada metro una experiencia, una sensación nueva y un aprendizaje encantador para mi mente agobiada. Un viaje de caídas, precipicios y sangre.

Tengo plata y no me interesa gastarla; tengo cicatrices que no son accidentes; tengo sueños que no quiero cumplir; tengo amores que no amo; se cosas que no me sirven, que nunca quise saber; tengo citas pendientes a las que no voy a llegar; tengo ganas y de esas ganas nacen más ganas y no tengo ganas de levantarme de la silla, quedando las ganas guardadas en mis bolsillos… como tantas otras cosas guardé por no tener ganas de salir de mi encierro, de mi habitación de hielo.

Tengo todo y tengo miedo de tenerlo, porque tengo miedo de perderlo, porque tengo miedo de que al perderlo no vuelva a ser feliz… por tener miedo a ser feliz tengo miedo de vivir. Y como no quiero vivir, la vida me parece perra.

Y yo soy las dos caras de esta vida perra…







lunes, 9 de agosto de 2010

Música para mis ojos dormidos!

Por algo algunos dicen que la vida es en blanco y negro... como una hoja de cuaderno.
Y nosotos, sus lápices, para pintarla, para ponerle color... y cada uno le pone su estilo... dibuja lo que quiere.

Y pasa que algunos tienen maña para hacer paisajes, otros flores, otros quizás retratos de gente dormida... y están aquellos que plasman sus "ideas" de forma abstracta... de una forma u otra, algo dicen, algo hablan, algo traspasan de sí al papel, a la vida.

Y pasa que hay quién elige blancos, negros y grises para pintarla... Quizás no son tan felices, o quizás son reservados y guardan para su mundo interno todo el color, o son tímidos, o inseguros.. vaya uno a saber... Por suerte, también están los que desplegan un sinfín de matices, tonos, variedad de colores... a veces hasta incluyen texturas con tal de encontrar una armonía, un equilibrio entre el frío y el calor.

Y pasa que algunos lo hacen cuando sale el sol, otros lo hacemos cuando se pone... depende de cuándo caigan las musas en nuestro cuarto, depende del ánimo, depende de las ganas, el tiempo, el clima, los demás dibujos, la luz y la sombra.

Y pasa que algunos no quieren ni dibujarla. La escriben. Otros la tocan. Otros la construyen, la esculpen, la decoran... hay mil formas de hacer que la vida sea vida. Y cada cuál tendrá su jerga, si que si...

Y pasan muchas cosas con la vida... y pasan tantas vidas simultáneas.
Y qué bueno que pasan!

lunes, 2 de agosto de 2010

De un cuento a un planteo moral

Por momentos me siento como Emma Zunz... Maquinando sigilosamente el plan perfecto, la venganza más dulce, la muerte más exquisita. No la mía, la de alguien más. Son mañanas en las que despierto y cada paso que doy es un segundo más que pasa y me acerca más a mi objetivo: terminar con quien tanto daño nos(me) causó.
Son días en los que siento que no soy yo, pero que estoy haciendo lo que quiero hacer, lo que anhelo hace tanto tiempo, tantos años...

¿Está mal tener días así?
Yo pregunté, me miraron raro... Pero todos querríamos matar a alguien, deshacernos de alguien que nos hace la vida jodida y tortuosa. Por favor, díganme si estoy equivocada!

Son solo pensamientos. Si no los llevo a cabo no es por miedo, es por moral, sentido común, humanidad, lo que sea que nos mueva para sentir un poquito de compasión y esperanza de que algún día quizás los hijos de puta no sean tan hijos de puta o que la vida misma nos de la razón y sea un poquito más justa...